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Inquilinos Protestan "Casa de Horrores" en Harlem
por Craig Willse
Traducido por Vajra Kilgour

Llamando a su edificio una "Casa de Horrores," se manifestaron en la víspera de Todos los Santos los inquilinos de 351 Avenida St. Nicholas, en Harlem, en contra de la negligencia del casero y las condiciones del edificio, que parecen una película de horror. A pesar de haber tratado repetidas veces de reunirse con el casero, Bill Andrews, y de haber pedido frecuentemente que el Departamento de Preservación y Desarrollo de la ciudad (HPD, por sus siglas en inglés) les ayude, hace años que los residentes han vivido en condiciones espantosas: ratas gigantescas, incendios, goteras cayendo en cascada y largos inviernos sin calefacción y agua caliente.

A los inquilinos, que enarbolaron pancartas que proclamaron "Bill Andrews: No te tenemos miedo" y "No más historias de horror," se sumaron los vecinos partidarios de la comunidad y los medios de comunicación. Los jóvenes, disfrazados, corearon, "Travesura o regalo, queremos calefacción." "Esta noche estamos bromeando sobre nuestra situación, pero las condiciones están muy graves," le declaró a la multitud el líder de los inquilinos, Latricia White.

"Nadie hace ninguna limpieza en el edificio, y no tenemos agua caliente, ni calefacción, ni cerradura en la puerta principal. No tengo superintendente. Si algo en mi casa está roto, nadie viene para arreglarlo. Queremos que alguien esté en el edificio para mantenerlo, para asegurar que no hay peligros," dijo la inquilina Saradis Diaz. Diaz también se dirigió a la multitud en el curso de la manifestación. Instando a los inquilinos y vecinos que se mantengan unidos durante la larga batalla, subrayó que las condiciones horribles que sus apartamentos tienen en común deben servir para fortalecer los vínculos entre ellos en la lucha.

Otro residente, Eufracia Mancebo, expresó su preocupación por la seguridad de los inquilinos. Señaló como dos violaciones del código de vivienda particularmente alarmantes la falta de iluminación en los pasillos y el ascensor descompuesto.

Una inquilina activista, Elizabeth Hilson, brilló por su ausencia de la manifestación de la víspera de Todos los Santos. Su hija, Sheila Echols, lo explicó: "Hace 28 años que mi mamá vive aquí. Durante los últimos cinco años, este edificio se ha vuelto en un lugar que te hace querer huir de la vecindad. A causa de las condiciones en el edificio, mi mamá padece tuberculosis y tiene que tomar medicamentos muy fuertes. No puede salir del edificio porque vivimos en el quinto piso y el ascensor no funciona. Después de 28 años, está atrapada en su propio apartamento."

En los últimos años, las fuerzas de transformar los vecindarios en lugares burgueses han ejercido una presión increíble sobre las familias de bajos ingresos y las comunidades de gente de color que durante las décadas se han establecido en Harlem. Mientras las cuadras en su alrededor ostentan edificios renovados de tres o cuatro pisos, que se alquilan a los recién llegados caudalosos, en la última década se ha decaído el antiguamente hermoso edificio.

"Nací y me crié en este edificio, y he presenciado cómo se transformó de un edificio excelente a uno casi abandonado. Durante los últimos años, se ha vuelto realmente imposible vivir aquí. Los niños no pueden jugar afuera, porque se lanza ratas muertas por la ventana," dijo White.

Marcella Elfe, organizadora de la comunidad y residente durante muchos años, hizo eco a las opiniones de White. "He visto el cambio, he visto cómo se ha transformado de un vecindario a un nido de ratas."

La historia de 351 Avenida St. Nicholas está llena de codicia y engaño. Durante años, el superintendente, Confessor Sanchez, fingía ser el dueño, cobrando la renta en el edificio sin hacer nada más. En ese entonces, la dueña real, Usha Persaud, se mantenía bien escondida en la Florida mientras su propiedad se cayó en el desastre. En el verano pasado, un incendio, considerado sospechoso por el Departamento de Bomberos, destruyó varios apartamentos, desalojando a las familias que vivían en ellos. Un poco después del incendio, Sanchez vendió el edificio--que no le pertenecía--a otra compañía de gerencia y desapareció misteriosamente. Al darse cuenta que no tenía derecho al instrumento, la compañía removió la caldera recientemente instalada, cortando el agua caliente en el edificio.

Cuando Bill Andrews reclamó posesión del 351 el verano pasado, los inquilinos expresaron sus esperanzas que se hubiera puesto fin a los años de abandono y falta de reparaciones. Resulta que el interés de Andrews en el edificio precede la compra de él, puesto que administró la propiedad por parte de la familia Persaud, que se lo vendió. Andrews rehusó a reunirse con los inquilinos para discutir cara a cara sus planes por el edificio; en cambio, puso notificaciones de desalojo en casi todas las puertas de ellos.

Si esto por sí solo no hace claro su propósito de ahuyentar a los inquilinos, el hecho de que cerró con ladrillos la entrada de uno de los apartamentos quemados lo hace perfectamente claro.

Un grupo bien organizado y dedicado, los inquilinos de 351 han jurado luchar por la seguridad y sustentabilidad de sus hogares y vecindario. Un día después de la manifestación, los inquilinos por fin conocieron al misterioso Bill Andrews--en la corte. La juez Margaret McGowan le ordenó a Andrews a arreglar inmediatamente las decenas de violaciones amenazadoras a la vida. Los inquilinos planean asegurarse que Andrews cumpla con su obligación legal.

La organizadora Marcella Elfe insistió que la lucha no es solamente por condiciones de vida decentes, sino también por una vida de calidad y dignidad. "Vivir en estas condiciones te hace sentirte un poquito inhumano, hace pedazos su orgullo y sus raíces. En estos días, con todo lo que estamos viviendo, necesitamos ver avances."